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Comentario: El nuevo dashboard de rendición de cuentas de California provee escasa información para las familias pobres

LA School Report | April 5, 2017



SchoolDashboard-e1489536255561Por Seth Litt

 “No todo lo que se enfrenta puede ser cambiado, pero nada se puede cambiar hasta que se enfrenta”. –James Baldwin

Durante más de un año, las familias de Parent Revolution’s Parent Power Network (la Red de Poder de los Padres de la Revolución de los Padres) han expresado sus preocupaciones acerca de la dirección del sistema de responsabilidad escolar de California. Se han reunido con legisladores, han hecho  varios viajes nocturnos en autobús a Sacramento para hablar ante la Junta Estatal de Educación, recabaron peticiones, asistieron a las reuniones del Departamento de Educación y webinarios (seminarios en línea), escribieron opiniones-op-eds (en Inglés y Español) y se han pronunciado abiertamente frente a los medios de comunicación.

Estos padres líderes, en su mayoría provenientes de hogares Africano-americanos o Latinos de bajos ingresos en Los Ángeles, han ofrecido un mensaje notablemente consistente, nacido de sus propias experiencias compartidas: las familias confían en información clara y práctica sobre sus escuelas para tomar decisiones para sus hijos y poder exigir cuentas a las escuelas de sus hijos.

Proporcionar información clara sobre la calidad de las escuelas para todas las familias en California no debería ser demasiado pedir, y tampoco debería ser imposible. Parece bastante obvio que al diseñar cualquier sistema, ya sea una aplicación—app— para vender productos alimenticios, o regulaciones para registrar a votantes, la funcionalidad para su público objetivo debiera ser una prioridad. Cuando al parecer el Estado estaba tomando la dirección equivocada, publicamos una propuesta detallada con Teach Plus California y el Center for American Progress acerca de cómo California podría mejorar el diseño de su sistema escolar y crear uno que funcionara para todos los Californianos.

A pesar de nuestros esfuerzos, el dashboard—guía de rendición de cuentas de las escuelas de California, publicado la semana pasada no funciona para muchas de las familias del Estado. En realidad, falla tan profundamente en lo más básico que después de más de tres años de planificación, la motivación del Estado es cuestionable – y tampoco está claro su papel en el trabajo urgente de cerrar las brechas de oportunidad.

El dashboard, si bien informa sobre múltiples indicadores relativos a la calidad de la escuela y, de manera importante, desglosa por subgrupos a los estudiantes, no satisface las necesidades de información de las familias en casi cualquier otra forma.

Contiene información de hace dos años para algunos indicadores y no hay datos para otros. No tiene ninguna funcionalidad para comparar el rendimiento entre los distritos o entre las escuelas. No proporciona ninguna calificación general para las escuelas que permitiera a las familias evaluar fácil y rápidamente la calidad de las escuelas y comparar las opciones de las escuelas públicas. Increíblemente, el sitio no está optimizado para teléfonos móviles, no tiene informes que se puedan imprimir y, la opción de guardar o salvar con un botón para traducir con Google translate, está disponible sólo en la versión en Inglés del dashboard.

Teniendo en cuenta que la mayoría de las familias de bajos ingresos de California no están usando computadoras portátiles en casa para acceder al Internet en Inglés, estas omisiones dejan claro a quiénes el DOE (Departamento de Educación) considera que debe proporcionar información útil acerca de las escuelas: familias adineradas que hablan Inglés. Al diseñar un sistema que hace que la información de las escuelas sea difícil de acceder o entender, California ha elegido, por diseño, exacerbar la desigualdad. Y lo ha hecho en el peor momento posible—cuando es cada vez más obvio que las familias son las únicas que actuarán con urgencia para responsabilizar a las escuelas por los resultados de los estudiantes.

Las limitaciones del dashboard son aún más significativas en un contexto estatal y nacional. El gobierno federal está adoptando cada vez más un enfoque más laxo para la rendición de cuentas de las escuelas por los resultados de los estudiantes: la revocación de las regulaciones de la era de Obama, la revisión de la plantilla estatal del plan de ESSA (Acta para el Éxito de Cada Estudiante) y fallar en dar prioridad al esfuerzo para mejorar las escuelas de bajo rendimiento.

El liderazgo de California, aunque lleva un disfraz político diferente, está muy contento de seguir un curso similar, abrazando la filosofía de local control (LCFF- Fórmula de Financiamiento de Control Local) del Gobernador Jerry Brown con el principio de “subsidiaridad”; los dirigentes han creado una estructura bizantina en la que las escuelas que están en dificultades reciben una débil combinación de apoyo técnico y colaboración, que se entrega, en última instancia, no a las escuelas mismas, sino a condados y distritos.

Lamentablemente, esto ya no es sólo un problema de California. En las últimas semanas hemos visto a otros estados aprovechar esta nueva “flexibilidad” federal como una manera de evitar la responsabilidad.

Las personas razonables pueden estar en desacuerdo sobre si la responsabilidad primaria por la equidad educativa debería recaer en el gobierno federal o en el estatal. Pero, ¿qué sucede cuando los estados deciden pasar la responsabilidad a los distritos y luego los distritos la pasan a las escuelas –sin rendición de cuentas en ningún lugar arriba o abajo de la línea?

El experimento de financiamiento escolar de California ofrece un cuento con moraleja. En el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, hay evidencia creciente de que cuando se le da la responsabilidad de usar una cantidad masiva de fondos estatales para enfrentar la desigualdad, el Distrito ha distribuido mal los recursos y ha malgastado el dinero. No podemos pretender ser serios en abordar la desigualdad, al tiempo que debilitamos las intervenciones e inhibimos la capacidad de las familias para actuar en nombre de sus hijos.

La dirección actual de California señala una tendencia peligrosa para nuestros niños y familias más marginados, aquí y en todo el país. Debemos tener un debate vigoroso sobre los detalles de la política, pero no podemos dejar de decir la verdad – en voz alta y clara – y no podemos dejar de actuar con urgencia para el futuro de nuestros hijos.


 Seth Litt es Director Ejecutivo de Parent Revolution. Trabajó durante 12 años en el South Bronx como profesor y director, y fundó una escuela chárter para jóvenes en riesgo en el sistema judicial y casas de crianza.

Traducción al Español financiada por The Eli and Edythe Broad Foundation. LA School Report mantendrá el control editorial absoluto sobre el contenido.

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