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Programa ayuda a estudiantes de secundaria en Los Ángeles a convertirse en ‘científicos de verano’

Guest contributor | August 8, 2017



Everly Pompa, de 17 años, trabaja en una investigación en uno de los laboratorios del hospital Cedars-Sinai (Aurelia Ventura/ La Opinion)

Por Francisco Castro

Este artículo esta publicado en La Opinión

Entre microscopios, mezcladores y todo tipo de implementos , Everly Pompa de 17 años mide cuidadosamente una solución líquida.

Pompa es parte de un equipo que investiga las lesiones cerebrales traumáticas.

“Estamos tratando de averiguar si sufrir una concusión crea efectos a largo plazo para una persona”, dice la estudiante de la secundaria Notre Dame en Sherman Oaks.

Laura Elizarraras, de 18 años, estudiante de la escuela chárter Animo en el centro de Los Ángeles, estudia en otro equipo que examina la sangre, mientras que otros se enfocan en las células madres.

Estos jóvenes son parte de 19 chicos que por una semana aprendieron de la ciencia médica al lado de verdaderos científicos, como parte de la Semana de Investigación, un programa de verano que por seis años ha organizado el hospital Cedars-Sinai.

Virginia Mattis, vocera del programa, dice que esto es una manera de “emocionar a los estudiantes para que se emocionen sobre la ciencia”.

Esa emoción es palpable entre los participantes.

“Esto nos permite aventurarnos en una profesión en la que no muchos hispanos se involucran”, dice Pompa, hija de una madre salvadoreña y un padre mexicano que quiere ser cirujana pediatra.

 Elizarraras tampoco esconde lo feliz que esta de haber sido seleccionada para entrar al programa.

“Cuando me gradúe del colegio, quiero trabajar en forenses, es algo que me interesa”, cuenta. “Esto me ayuda porque cuando alguien muere, debes investigar cómo murieron, analizar células, sangre, de todo”.

La joven – la primera en su familia con la posibilidad de asistir a la universidad – dice que no hay que tener miedo y tomar ventaja de las oportunidades que se presentan. Ella sometió su solicitud al programa después que un maestro les pasó la información.

“Aunque seas de otra cultura o de papás inmigrantes, que no dudes de tu capacidad en la vida, porque si tú dices yo puedo hacer eso, lo puedes hacer”, expresa.

Daniel Gómez concuerda con esto.

“Quería ser voluntario en el área clínica para ver si esto es algo que me guste”, dice el joven de 17 años residente de Sylmar, en el Valle de San Fernando, que quiere ser médico.

“La medicina es una pasión que he tenido desde muy chico”, agrega.

Mattis cuenta que muchos de los primeros participantes del programa ahora siguen carreras científicas en la universidad.

“La idea es ponerlos en un laboratorio para que sepan lo que es la ciencia verdadera”, dice.

Con información recabada por Aurelia Ventura

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